Yo tuve la desgracia de vivir esa época en que la masturbación, producía
ceguera, granos, trastornos, que era un pecado mortal, era un terror.
Efectivamente un terror, para los chavos que con diez, once, trece, da
igual la edad, empiezan a descubrir su cuerpo el placer de la
masturbación, sin malicia, sin pensar que es algo malo. Porque en el
hombre, en la mujer no lo sé porque nunca he sido, se despierta una
fuerza, una sexualidad, un deseo, incontenible, y si alguno está libre
de culpa, que tire la primera piedra.
El problema estaba, o está, ya no lo sé, en esa falsa moral, en esa
manipulación, en ese coartar el desarrollo de la persona en vez de
explicarle que lo que siente, lo que le pasa, es natural, que su cuerpo
está cambiando, que sus instintos empiezan a despertarse, que eso forma
parte de su desarrollo.
Con los años, esa etapa se supera, se pasa y uno se da cuenta de que es una chorrada.
En la pareja es más complicado, porque depende mucho de la educación y
moralidad de cada uno, pero entiendo, y comprendo que dos seres que se
quieren, que se aman, que han decidido formar una sola unidad y
compartir todo en su vida, se llegue a un momento en el que es casi
inevitable llegar hasta el final, pero hasta un final de ternura, de
caricias, de entrega, de amor, de hacer vivir en el otro todo lo que
vives en ti. Si esto es pecado, Dios dirá.
Otra cosa muy distinta es el sexo por placer, con la primera o el primero que te guste físicamente y te lo proponga.
Eso solo deja vacío, una sensación de suciedad que no guarda nada bonito y que pronto se olvida hasta el nombre de la persona.
A mi, el sexo por el sexo, tampoco me gusta, me repudia y con los años
más, porque no aporta nada, absolutamente nada, tan solo soledad, vacío,
hasta repulsión después de que a uno se le ha pasado la moña.
Un Abrazo: Sejo.
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