miércoles, 16 de mayo de 2012

Testimonio de Sejo

Yo tuve la desgracia de vivir esa época en que la masturbación, producía ceguera, granos, trastornos, que era un pecado mortal, era un terror.
Efectivamente un terror, para los chavos que con diez, once, trece, da igual la edad, empiezan a descubrir su cuerpo el placer de la masturbación, sin malicia, sin pensar que es algo malo. Porque en el hombre, en la mujer no lo sé porque nunca he sido, se despierta una fuerza, una sexualidad, un deseo, incontenible, y si alguno está libre de culpa, que tire la primera piedra.
El problema estaba, o está, ya no lo sé, en esa falsa moral, en esa manipulación, en ese coartar el desarrollo de la persona en vez de explicarle que lo que siente, lo que le pasa, es natural, que su cuerpo está cambiando, que sus instintos empiezan a despertarse, que eso forma parte de su desarrollo.
Con los años, esa etapa se supera, se pasa y uno se da cuenta de que es una chorrada.
En la pareja es más complicado, porque depende mucho de la educación y moralidad de cada uno, pero entiendo, y comprendo que dos seres que se quieren, que se aman, que han decidido formar una sola unidad y compartir todo en su vida, se llegue a un momento en el que es casi inevitable llegar hasta el final, pero hasta un final de ternura, de caricias, de entrega, de amor, de hacer vivir en el otro todo lo que vives en ti. Si esto es pecado, Dios dirá.
Otra cosa muy distinta es el sexo por placer, con la primera o el primero que te guste físicamente y te lo proponga.
Eso solo deja vacío, una sensación de suciedad que no guarda nada bonito y que pronto se olvida hasta el nombre de la persona.
A mi, el sexo por el sexo, tampoco me gusta, me repudia y con los años más, porque no aporta nada, absolutamente nada, tan solo soledad, vacío, hasta repulsión después de que a uno se le ha pasado la moña.
Un Abrazo: Sejo.

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